
Los parques Naturales de Ischigualasto y Talampaya son patrimonio de la humanidad, están ubicados en las provincias de San Juan y La Rioja respectivamente abarcan casi 280.00 Ha y son la reserva fósil más importante del mundo.
Las seis formaciones geológicas de los parques contienen fósiles de un amplio rango de antepasados de mamíferos, dinosaurios y plantas que revelan la evolución de los vertebrados en el Período Triásico. No hay otro lugar en el mundo que tenga evidencias fósiles comparables a las de Ischigualasto–Talampaya.
Talampaya (situado en la provincia de La Rioja) proviene de las voces quechuas “Tala”: árbol autóctono; “Ampa”: río y “Aya”: cosa extinguida o que ha dejado de existir. Tanto los hallazgos fósiles de reptiles y plantas como los estratos geológicos analizados responden a un período en el que los grandes reptiles gobernaban la tierra. Acumulados durante cientos de miles de años, los sedimentos de diferentes colores y texturas quedaron al descubierto al elevarse junto con la Cordillera de los Andes.
La erosión del viento y el agua formaron en el Cañón de Talampaya -originado en el curso de un río seco- rocas de extrañas siluetas que fueron bautizadas por la imaginación popular con los nombres de las imágenes que recreaban: El Monje, La Catedral, La Chimenea o El Tablero de Ajedrez.
Labrado en tierra roja, en el cañón de varios kilómetros de longitud se erigen formaciones inmensas y las paredes que lo encajonan llegan hasta 160 metros de altura. El punto culminante del recorrido que puede hacerse en una camioneta es La Catedral, con una dimensión grandiosa y paredes rocosas de más de 100 metros. En el Parque Talampaya quedó además registrada la huella de sus antiguos pobladores, que narraron en petroglifos y pictografías sus vivencias con la caza de distintos animales.
En tanto, en San Juan, se encuentra el Parque de Ischigualasto o Valle de la Luna. La llamada Hoyada de Ischigualasto es un valle desértico de temperaturas extremas y un viento casi permanente que erosionó el terreno y modeló esculturas naturales. El viento, el agua y diversos elementos climatológicos definieron el paisaje actual dando lugar a extrañas formas. Tal es el caso de El Submarino, que es una de las esculturas rocosas más conocidas; El Hongo o La Esfinge.