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Ubicada en el extremo sur del continente americano, la Patagonia reúne diversas condiciones naturales y características deseables para el cultivo de viñedos.
Aire puro, cielos diáfanos y silencios infinitos, son sólo interrumpidos por los susurros de los vientos que la atraviesan desde la cordillera de los Andes hacia el océano Atlántico, trasladando los misteriosos aromas de los arbustos y de los frutos silvestres. Disfruten de este interesante artículo publicado en el sitio Interpatagonia.com
Tanto su clima –que presenta una gran amplitud térmica en la etapa de maduración de la vid– las condiciones del suelo –con rincones pedregosos y aluviales– las excelentes condiciones fitosanitarias, la notable luminosidad, las escasas lluvias y la baja humedad, favorecen la consolidación de la industria vitivinícola patagónica dentro del panorama internacional.

Estas características, sumadas a la obsesiva guarda de sus creadores, arrojan como resultado vinos equilibrados entre el tenor azucarino y la acidez del fruto, produciendo vinos blancos con una delicada expresión varietal y vinos tintos con colores intensos, aromas frutados y deliciosos en el paladar, pero todos con una personalidad auténtica y definida.
Conocidos como vinos de las zonas frías, la producción está centrada en los valles del río Negro y el río Colorado. Allí han podido adaptarse cepas blancas como la torrontés riojana, torrontés sanjuanina, torrontés mendocina, Pedro Jiménez, semillón, sauvignon y chenin blanc, y tintas como el malbec, merlot, syrah, pinot noir, cabernet sauvignon y bonarda.

Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. La vitivinicultura en Argentina y sobre todo en Patagonia posee una joven historia. Los avances tecnológicos, las inversiones y algunos empresarios con muy buena visión, hicieron posible una transformación determinante entre los 42º y 39º latitud sur.

Por una cuestión de respeto a los derechos de autor, los invito a visitar la continuación de esta nota en el portal Interpatagonia.com